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peondecampo

Peondecampo

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Llegó a existir una credencial para aquellos que estaban registrado, y que era una especie de documento que acreditaba y respaldaba su oficio.
“Se denomina resero al hombre que montado a caballo, aparta tropas de reses y las conduce de un sitio a otro”.


Al inicio del resero en nuestro país, hay que buscarlo a fines del siglo XVI; en noviembre de 1576 se presentaron al Cabildo de la antigua Santa Fe, solicitudes para registrar marcas de hierro con el fin de marcar “vacas y yeguas”. La primera marca de hierro que quedo asentada ante escribano del Cabildo de Buenos Aires fue el 19 de mayo de 1589 a nombre de Francisco de Salas Videla, y el diseño de la marca era una “jota” invertida, y la primera yerra de vacunos se realizo en Cayasta, provincia de Santa Fe entre los años 1575 a 1576.

De ahí en más, el resero empezó a ser vital para el comercio ganadero de esta tierra. Él fue responsable de los movimientos de los arreos, sin que hayan incidido las distancias ni los peligros que representaban las travesías habitadas por animales salvajes, la presencia activa de los malones, desertores en rebeldía y cuatreros asesinos. marcando

Debido a las largas distancias que tuvo que recorrer, se movilizaban montados a caballo y con tropilla entablada. La tropilla entablada consiste en un grupo de yeguarizos mansos que se acostumbran, mediante la enseñanza por parte del hombre, a seguir y obedecer a una yegua madrina, con cencerro. Es de hacer notar que cada cencerro tiene un tañido diferente a otro y esto se consigue a través de la forma, tamaño, peso del badajo y la posición en que va colgado dentro del cencerro.
El resero pasaba la mayor parte del tiempo a campo raso. Para dormir tendía el recado en el suelo, al reparo de alguna mata de paja, y cuando no pudo hacer cama por la lluvia, o tuvo que cuidar la hacienda en yunta con otro, se turnó para descabezar el sueño de “a caballo”, haciendo equilibrio en los estribos, apoyando las manos cerradas en las cabeceras de los bastos (parte del recado), guareciéndose bajo su poncho, que fue el techo de su existencia.
El monumento ecuestre "El Gaucho Resero", también conocido sencillamente como "El Resero", es un ícono del barrio de Mataderos, Buenos Aires, Argentina.
La obra fue encargada en 1929 por la Municipalidad de dicha ciudad al escultor Emilio Jacinto Sarniguet para ser colocada en la entrada del llamado "Mercado de Liniers". Terminada en 1932, obtuvo ese año el primer premio en el Salón Nacional.
En 1934 se la emplazó en el sitio donde aún se encuentra: la plazoleta ubicada en avenida Lisandro de la Torre al 2300, frente a la Avenida de los Corrales y delante de lo que era la entrada al mencionado mercado. 10-pesos-el-resero-ano-1962

Las emisiones de 1962 a 1968 de las monedas nacionales argentinas de 10 pesos llevaban grabada en una de sus caras una imagen de esta obra.

En 1929 el intendente de Buenos Aires José Luis Cantilo le encargó al escultor Emilio Jacinto Sarniguet una estatua ecuestre de un gaucho resero para ser colocada en el Mercado de Liniers, que estaba situado en el actual barrio de Mataderos. Sarniguet (1888/1943) era un escultor argentino especializado en figuras de animales que antes de 1929 ya había obtenido un segundo premio nacional por la escultura Relinchando.2​ Sabía esculpir, dibujar, pintar y tallar sus imágenes. Formado en la Sociedad de Estímulo de las Bellas Artes, su padre había sido cronometrista en el Hipódromo de Palermo y por eso desde pequeño Emilio se había sentido motivado a dibujarlos. Esta pasión llevó a que, en 1907, el Jockey Club lo becara para que se perfeccionara en Europa.

Para informarse e inspirarse sobre el tema del resero, Sarniguet visitó el haras de la familia Solanet, criadores de caballos criollos, en la estancia El Cardal, en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. El artista encontró allí al modelo humano, un viejo resero, el "Cuñao" Cabañas, nacido en esos pagos, quien a su vez montaba un caballo criollo, moro de pelaje y pasuco o amblador 1. Según parece el animal se llamaba "Huemul" y fue de él que Sarniguet tomó los rasgos esenciales para la cabalgadura del caballo. De regreso a la ciudad de Buenos Aires armó un esqueleto en madera, un patrón de yeso y preparó los moldes para volcarles el bronce (se hizo en los talleres Radaelli y Gemelli, de Juncal y Uriburu, barrio de Recoleta, con la técnica italiana del bronce hueco).

Sarniguet concluyó su obra con otro homenaje: sobre el anca izquierda del animal (“del lado de montar”, como se decía en el campo) grabó el escudo símbolo de la familia Güiraldes, como un reconocimiento a Manuel Güiraldes (hacendado y funcionario público argentino, padre de Ricardo, autor del libro Don Segundo Sombra). Gaucho Resero

El 21 de septiembre de 1932 se presentó El Gaucho Resero en el XXII Salón Nacional, que se llevó a cabo en el Palais de Glace. El costo de la obra fue de 20.000 pesos.2​ Por la imposibilidad de ingresar la obra debido a su tamaño, la expusieron sobre la entrada de la calle Posadas. Obtuvo el primer premio.3​ Después de casi un año y medio fue trasladada a Mataderos, al frente del Mercado de Liniers, en avenida Lisandro de la Torre al 2300, retirándose previamente del sitio el monumento a la piedra Fundamental del Mercado.5​ Llegó poco antes del 25 de mayo de 1934, fecha en la que se realizó una magnífica fiesta patria, y se inauguró al día siguiente, 26 de mayo, con grandes festejos en los que Sarniguet estuvo presente. ​ Para que el monumento fuese trasladado desde el Palais de Glace fue clave la gestión ante el Intendente Mariano de Vedia y Mitre del concejal y vecino Fernando Ghío, un italiano que en 1898 (cuando tenía 13 años) se había instalado en la zona con sus padres, impulsor de la cultura y la educación y que fue dueño de una bar frente al lugar donde está El Resero.3​5​ También fue primordial en la promoción y traslado Edmundo Kelly, que era el director del Mercado de Liniers. ​

En 1948 se le colocó un pedestal para preservarlo mejor y darle mayor realce, quedando así a una altura de un metro ochenta del piso, y en 1995 se lo enrejó.

Hacia 1962 se hizo muy conocido cuando apareció en el grabado de una de las caras de las monedas de 10 pesos. La acuñación generó un debate: el caballo tenía sus patas derechas hacia adelante y sus dos zurdas hacia atrás. Los críticos apuntaban que bastaba ver el movimiento de cualquier caballo para entender que es cruzado. Pero se equivocaban: el escultor tuvo en cuenta que los reseros acostumbraban usar los pasucos, que mueven la mano y la pata del mismo lado para que su andar sea más reposado y eso le permite al jinete viajar descansado y hasta dormir mientras marcha.

Se trata de un tributo al arreador de reses y a su compañero, el caballo criollo. Muestra al caballo andando en marcha lenta y regular, con las riendas flojas y la cabeza del caballo gacha. La estatua tiene características precisas y respeta tanto la vestimenta del jinete como el emprendado del caballo. Puede apreciarse claramente en ella el apero criollo bonaerense. Las prendas del animal aparecen sencillas, casi rudimentarias pero muy prolijas y típicamente porteñas.

1-el caballo avanza moviendo mano y pata trasera de un mismo lado y no en forma cruzada, como lo hacen todos los cuadrúpedos , decían al verla. Pero el error no era tal, sino que era otro acierto del escultor que había reflejado la realidad con absoluta exactitud.

 

El Poeta Juan Roque Bonafina Escribio

 

Afloraron en su mente
Las horas malas de marchas,
Desollando las escarchas
O bebiendo aire caliente.
Oyó la voz de la gente
Que le iba cortando el paso
Para ofrecerle un abrazo
En la puerta del corral,
Cuando sin errar un pial
Jugueteaba con el lazo.

 

La tropilla de asustada
Por el toque de bocina,
Se apretó con la madrina
Pa volverse a la manada.
Entre las pajas tiradas
Quedo la “trebe de fierro”,
Y cerca de ella el cencerro
Se atrinchero boca abajo
Para callar al badajo
Que le tocaba destierro.

 

Los tientos de la encimera
Se arrugaron de resecos,
El poncho encerao sin flecos
Le dio paso a las goteras,
El sudor de las bajeras
Se salitró en la carona;
Y en la maleta de lona
Que supo ser pa´ los vicios,
Al terminar los servicios
Se oxidaron las lloronas.

 

Con ese camión jaulero
Y el avance del progreso,
Se consolido el receso
Permanente del resero.
Ya nunca más el lucero
Le podrá oír el silbido,
Porque en el tiempo se ha ido
Dios sabe pa´ que región;
¡galopando un redomón
Que le ha prestado el olvido!!!!

 

Fuentes

jovenesrevisionistas.org/la-primera-marca-de-ganado-en-argentina

argentinafolkloreyprovincias.es

clarin.com/ciudades/caballo-camina-distinto

es.wikipedia.org/wiki/Monumento_ecuestre_El_Gaucho_Resero

rincondepoetasmajo.blogspot.com

desarrolloregional.org.uy/portal

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